Las agresiones que el actual modo de vida y de desarrollo económico que impulsa la humanidad impone a nuestro planeta son cada vez más crecientes e intensas, advierte Luis Marcos, director de UBUverde. En la actualidad, los recursos, energía, materias primas y terreno que exigimos a la Tierra, nuestra huella ecológica, equivalen anualmente a los que nos ofrecería un planeta 1,7 veces mayor que el que tenemos. Como esto es imposible, la realidad es que la generación actual está acabando no solo con los recursos que nos ofrece la naturaleza, sino con los recursos que les serán imprescindibles a nuestros hijos y nietos. Obviamente nuestro modelo es insostenible.

Las acciones humanas sobre nuestro entorno se desarrollan en tantos frentes, que la comunidad científica habla ya de un cambio global, y de una era: el Antropoceno. El actual modelo económico y social afecta a los recursos hídricos, a la atmósfera, a los suelos, a los animales, a las plantas y al planeta en su conjunto, pero si tuviéramos que destacar los principales grandes retos a los que nos enfrentamos, me permitiría señalar cuatro: en primer lugar, las emisiones de gases de efecto invernadero, que generan el calentamiento global y provocan un cambio climático que los científicos del IPCC (Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de Naciones Unidas) estiman devastador si la temperatura media de la Tierra supera los 1,5 ºC respecto a la era preindustrial -ya hemos llegado a 1 ºC más y subiendo-; en segundo lugar, situaría a la pérdida de Biodiversidad, en una era que ya es calificada como la Sexta Extinción y que amenaza con la desaparición de un millón de especies, de los ocho millones existentes, en pocas décadas.

La tercera gran amenaza ambiental que nos atenaza es la gravedad del deterioro de la calidad del aire urbano que respiramos: según la OMS (Organización Mundial de la Salud), el 91% de la población mundial (sí, prácticamente todos nosotros) vive en lugares con una calidad del aire inferior a la recomendada y 4,2 millones de personas mueren prematuramente cada año por la contaminación atmosférica. Por último, el último gran reto ambiental al que nos enfrentamos es la proliferación incontrolada de residuos. Solo en nuestro país, cada ciudadano genera anualmente 550 kg de residuos urbanos cada año, los cuales suponen solo el 4% de los residuos que generamos, ya que a las basuras domésticas debemos añadir los residuos industriales, sanitarios, radiactivos, agrarios, escombros, de aparatos electrónicos, vehículos y neumáticos fuera de uso, y un largo etcétera del cual destacaremos los plásticos sintéticos, materiales que se fragmentan en el medio ambiente a un tamaño tan reducido que los nanoplásticos ya están no solo en el agua que bebemos sino en el agua de lluvia, con efectos sobre la salud inciertos; desechos de los cuales llegan 8 millones de toneladas a los océanos cada año, creando grandes islas, que tristemente conseguirán en 2050 que haya en el mar más plástico que peces.

«La transición ecológica tiene que ser rápida. Tenemos escasamente diez años para ejecutar un cambio intensísimo»LUIS MARCOS, DIRECTOR DE UBUVERDE

La parte positiva del gran drama ambiental al que nos enfrentamos a escala planetaria, es que hay una gran cantidad de científicos, técnicos, ciudadanos, instituciones y entidades, trabajando para ofrecer soluciones viables ante estos problemas; a día de hoy, existen ya herramientas suficientemente contrastadas para avanzar en un cambio de sistema productivo y de modelo social, más sostenible, que garantice la salud y la calidad de vida de las personas y compatible con los frágiles equilibrios de la Naturaleza.

Las energías renovables, la economía circular, el ecodiseño, las soluciones basadas en la naturaleza, la economía social y colaborativa o el decrecimiento son algunas de las propuestas que realizan aportaciones de calado para conseguir que la Transición Ecológica que urge la Humanidad y el conjunto de la Tierra, sea una realidad en la próxima década; porque no nos engañemos, no tenemos demasiado tiempo, si dejamos pasar más tiempo sin hacer nada, los efectos negativos sobre la gente y sobre la naturaleza comenzarán a ser con mayor frecuencia devastadores.

Por tanto, la transición ecológica tiene que ser rápida. Tenemos escasamente diez años para ejecutar un cambio intensísimo, que tiene que ser de manera inmediata y decidido y aprobado por los gobiernos de los países y de las empresas. Además, tiene que ser justo, no dejando a nadie atrás. Los trabajadores de los sectores económicos en declive, los habitantes de los países más afectados, las empresas obsoletas, todos deben ser ayudados a encontrar el modo de engancharse a este enorme proceso de cambio ecológico y social.

Para algunos, esta nueva Transición Ecológica, puede parecer un mero tema de político, que corresponde exclusivamente a las grandes élites que controlan el poder económico, financiero, científico o social en el conjunto del planeta, pero la gente, la ciudadanía, los consumidores, tenemos un papel y un protagonismo crucial en esta transición; realmente somos los auténticos dinamizadores del cambio, que provocará que los gobiernos y las empresas actúen, porque nuestras decisiones con lo que reclamamos, con los alimentos que comemos, con los productos que compramos, con los sistemas de movilidad que elegimos, con los materiales que utilizamos… definen de forma irreversible el camino que debe seguir el conjunto de la sociedad y del modelo económico y productivo. Una sola de nuestras decisiones es un catalizador insustituible de la urgente transición ecológica que necesitamos, la respuesta irremplazable a los retos ambientales que nos atenazan.

(Fuente: https://www.burgosconecta.es/sociedad/retos-ambientales-existen-20190910122905-nt.html )