Estamos celebrando estos días en Burgos y en miles de ciudades de todo el mundo, la denominada ‘Semana de la movilidad’, una iniciativa impulsada por la Comisión Europea que pretende concienciar a las administraciones y a la ciudadanía acerca de las ventajas ambientales y de salud, de desincentivar el uso del coche en nuestras ciudades y de apostar por modelos de movilidad, fundamentalmente urbana.

Según nos explica el profesor Luis Marcos, director de la Oficina Verde de la Universidad de Burgos (UBUverde), el origen de estas acciones surge a raíz de la crisis del petróleo de 1973, a partir de la cual comienzan a proliferar propuestas para reducir el uso del coche y por la apuesta por modos de transporte más eficientes. Sin embargo, no es hasta octubre de 1994 cuando se organizan las primeras jornadas sin coches. En un principio las ciudades de Reikiavik (Islandia), La Rochelle (Francia) y Bath (de Reino Unido) tomaron la iniciativa de aplicar el ‘Día Sin Coche’ para el cual se elige la fecha del 22 de septiembre. Y como campaña a nivel nacional, el primer país en aplicarlo fue Gran Bretaña en 1997. En el año 2000, se constituye como una iniciativa europea por la Comisión Europea. El mismo año se toma como día mundial y se implementa en Europa extendiéndose las actividades por una semana: ‘la Semana de la Movilidad.

En España, según datos del instituto para la Diversificación y Ahorro de Energía (IDAE), el sector del transporte es el mayor consumidor de energía final del país (en torno al 40% total), siendo también el mayor emisor de gases de efecto invernadero, superando el 30% de las emisiones totales, expresadas en dióxido de carbono, ya que la mayor parte de la energía utilizada en el transporte proviene de combustibles derivados del petróleo.

El aumento de las emisiones de gases contaminantes provocados por el transporte preocupa cada vez más en las ciudades, especialmente en las de mayor tamaño, donde los índices de contaminación atmosférica empiezan a ser considerados como una cuestión de salud pública.

Por ello, las instituciones apuestan por fomentar una movilidad sostenible de personas y mercancías, a través de medios de transporte energéticamente más eficientes y ecológicos, de modo que disminuya el consumo de combustibles fósiles y las emisiones de gases de efecto invernadero.

«Reducir la presencia del coche en nuestras ciudades nos permite un mejor uso del espacio público, ganando espacio para los peatones«LUIS MARCOS

El concepto de ‘movilidad sostenible’ va más allá de las implicaciones del impacto del sector del transporte en el cambio climático, ya que como expone el responsable en Medio Ambiente de la UBU, «reducir el uso del coche tiene una incidencia positiva en la reducción del número de muertes en accidentes de tráfico (en España en 2018: 1.806 fallecidos en vías urbanas e interurbanas en los 30 días posteriores al siniestro), y en la disminución de los índices de contaminación atmosférica en las ciudades, con el consiguiente impacto positivo en la salud de las personas».

Es preciso tener en cuenta que, tal y como alertó el pasado mes de junio la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ), la contaminación atmosférica en las ciudades causa directamente en España 10.000 muertes al año, de las cuales, el 60% son responsabilidad directa de los óxidos de nitrógeno, principal emisión de los vehículos de motor de combustión. Por su parte, los estudios de la Organización Mundial de la Salud (OMS) hablan de entre 40.000 y 80.000 muertes prematuras en España por la mala calidad del aire urbano que respiramos.

Pero no podemos olvidar, tal y como Luis Marcos nos recuerda, que «reducir la presencia del coche en nuestras ciudades nos permite un mejor uso del espacio público, ganando espacio para los peatones, para los modos de movilidad sostenible y para la convivencia cívica; nos permite diseñar barrios y ciudades más ecológicas, donde las personas sean las protagonistas».

Burgos está a punto de poner en marcha su Plan de Movilidad Urbana Sostenible (PMUS), que debe ir diseñando e implementando medidas, filtradas por la participación ciudadana, y que teniendo como punto de partida el diagnóstico del modelo actual de movilidad y la evaluación de las necesidades futuras de movilidad de la ciudad, establezca estrategias y líneas de actuación para que las políticas municipales para lograr un nuevo modelo de movilidad más sostenible. Sin embargo, y según defiende Luis Marcos, «la ciudadanía, los vecinos, no pueden renunciar a su protagonismo en el diseño de su ciudad, cediendo toda la responsabilidad a la administración municipal; son esenciales las aportaciones y las reivindicaciones de colectivos sociales que apuestan por un nuevo modelo de movilidad, más sostenible y ecológico, como hoy propugnan entidades activas y responsables como Burgos con Bici o Andando Burgos».

( Fuente: https://www.burgosconecta.es/sociedad/marcos-20190918192555-nt.html )