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“La sombra del sol”, una novela premiada antes de publicarse

“Un diálogo entre el hidalgo manchego Alonso Quijano y el cura alcarreño Pedro Pérez”, ha obtenido el Primer Premio de Prensa “Los Tres Grandes del 2016 (Cevantes, Cela, Buero Vallejo)”, otorgado por la Junta de Comunidades de Castilla-la Mancha, 2017.

2/ El premio ha sido incorporado íntegramente a los primeros capítulos de “La sombra del sol. Historia del ingenio escritor Miguel de Cervantes Saavedra” (2017), por lo que bien puede decirse que esta novela ha sido premiada antes de ser publicada

Aquí va el inicio de ese Premio de la Junta de Comunidades y de esa novela:

Un diálogo entre el hidalgo manchego Alonso Quijano y el cura alcarreño Pedro Pérez

Primer Premio de Periodismo Escrito
“Los Tres Grandes (Cervantes, Cela, Buero Vallejo)” otorgado por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, 2017.

El cual ha pasado a constituir posteriormente la primera parte de la novela e investigación histórica “La sombra del sol. Historia del ingenioso escritor Miguel de Cervantes Saavedra”, una especie de antecedente del Quijote, contado desde el punto de vista de Alonso Quijano y Pedro Pérez, en 1601, cuatro años antes de la edición impresa cervantina, al propio Miguel de Cervantes Saavedra, que se asombra de los diálogos que mantienen entre sí el hidalgo manchego y el cura seguntino, y decide acompañarles en su viaje hacia Sigüenza, y tomar buena nota de los sucesos, acaecimientos y diálogos que les acontecieren a los tres viajeros, según efectivamente así hizo.

 

-“Pues tengo oído que esa vuestra Guadalajara o Arriaca, señor mío, es custodia de la amabilidad, posada de los foráneos, enfermería de los afligidos de ánimo por la belleza, abundancia y cuidado de sus parques, jardines y arboledas, linaje de los más antiguos de España, emplazamiento amable por la gentileza de sus gentes y reciprocidad proporcional para la forja de profundas amistades, cuajadas en el cultivo de la tranquilidad y el sosiego que proporcionan sus calles, casas y plazas, tan humanas como gratamente paseables”.
Don Alonso Quijano, en “Un diálogo entre el hidalgo manchego Alonso Quijano y el cura alcarreño Pedro Pérez” (2016) y en la novela e investigación histórica “La sombra del sol” (2017)

UN DIÁLOGO
ENTRE EL HIDALGO MANCHEGO ALONSO QUIJANO Y EL CURA ALCARREÑO PEDRO PÉREZ,

sacerdote de su lugar, sobre un tal Miguel de Cervantes y otros autores de quienes les va llegando noticia, llamados Camilo José Cela y Antonio Buero Vallejo

por Juan Pablo Mañueco

Capítulo I. Del lugar exacto donde estos hechos ocurrieron

“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor”…

Un complemento circunstancial de lugar abre y sitúa, para toda la eternidad de los siglos, el emplazamiento, el espacio y los andurriales por donde van a acontecer las peripecias nunca oídas, los sucedidos antes no escuchados y las aventuras sin cuento y sin parangón jamás atendidos por ser humano alguno hasta el presente.

Andanzas y hazañas que vienen, galopan, cabalgan y nunca se desbocan a los lomos, a los espinazos y a las espaldas de una pluma prodigiosa en trazar rasgos, describir parajes, esbozar caracteres, plantear diálogos y en sugerir y perfilar los eventos, las situaciones, los episodios, las correrías y los lances más sorprendentes que se han contado nunca en la lengua que, por motivo harto comprensible, ha dado en llamarse la lengua de Cervantes.

Rincón y Cortado en los Campos de Alcudia

“En la venta del Molinillo, que está puesta en los fines de los famosos campos de Alcudia, como vamos de Castilla a la Andalucía, un día de los calurosos del verano, se hallaron en ella acaso dos muchachos de hasta edad de catorce a quince años: el uno ni el otro no pasaban de diez y siete; ambos de buena gracia, pero muy descosidos, rotos y maltratados; capa, no la tenían; los calzones eran de lienzo y las medias de carne”…

¡Dios mío! ¡Dios mío! ¿Qué es esto…? ¿Qué música de los cielos ha descendido hasta los hombres para llenar de armonía su oído, de cadencia su gusto, de suave musicalidad su tacto, de concierto y afinación su vista, y de seres y paisajes seductores para impregnar de aromas, fragancias, perfumes y sensaciones todos cuantos le es posible llevar a cada sílaba del idioma castellano…?

“En la venta del Molinillo… un día de los calurosos del verano”

Otro circunstancial que nos ubica en una tierra y en un momento abre “Rinconete y Cortadillo”. Un aquí y un ahora que nos mueve a ir a conocer el lugar y a embebernos de aquel tiempo y aquel paraje que se nos rotula, ilumina y describe como si lo estuviéramos viendo…

Porque estas líneas más parecen situarse en un idílico todo lugar y en un apolíneo y perfecto todo tiempo, acabadamente percibidos, que se han puesto y han llegado hasta los fines más recónditos de nuestro cerebro, como vamos de nuestros recuerdos y lecturas a la belleza del idioma, un día y otro de los que nos ponemos a leerlo o a recordarlo mentalmente, expresada de forma que no puede superarse ya en modo alguno en esta lengua.

Nunca. En modo alguno.

“Dos muchachos de hasta edad de catorce a quince años: el uno ni el otro no pasaban de diez y siete; ambos de buena gracia, pero muy descosidos, rotos y maltratados…”

El retrato literario, ¿puede alcanzar láminas mejores, cuadros más realistas, estampas más perceptibles, figuras más palpables, efigies de mejor rostro?

Sólo en Cervantes, sólo.

Ese Cervantes que recorre a menudo las tierras del antiguo reino de Toledo, mientras va y viene, desde pequeño, acompañando a su familia. Desde Alcalá o desde Madrid, desde Valladolid o Segovia… hasta Toledo, hasta Córdoba, hasta Sevilla.

¡Andariego Cervantes al que ya desde su mocedad se le iban los ojos detrás de las letras, detrás de los versos, detrás de los faranduleros, de los actores, de los títeres y de las tierras todas de España…! Más aún de la España central, acostumbrado como estaba desde su adolescencia a cruzarla, a admirarla, a hospedarse o a permanecer en ella.

Como haría luego, más adelante, cuando regresara de Lepanto y de su cautiverio de Argel. Primero, a su retorno, cruzaría estas tierras camino de Madrid, en busca de su familia.

Y después de nuevo otra vez, camino de Lisboa, en 1581, donde a la sazón se encontraba la corte de Felipe II.

Por los caminos de La Sagra

¡ANDARIEGO CERVANTES! EN 1584, lo tenemos de nuevo en estas tierras de Toledo para un acontecimiento señalado, bien que en su caso no fue feliz: el matrimonio.

Aunque a la postre resultaría duradero, pese a algunos periodos de separación.

Casó con Catalina de Salazar y Palacios, viuda muy joven, en Esquivias, en la comarca de la Sagra. Con hacienda propia, aunque no muy holgada ni libre de problemas para mantenerse.

Ello dotaba de una cierta estabilidad económica a un escritor en ciernes, recién retornado de la guerra y del cautiverio, e intentando abrirse paso en una tierra ingrata con quienes acostumbran a cantarla y a captarla mejor.

La retina de Cervantes iba tomando nota de todo ello, para sus posteriores escritos, para sus futuros personajes novelescos o teatrales.

(…)

Más información:

http://aache.com/tienda/638-la-sombra-del-sol.html

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