Logo Partido Castellano - Tierra Comunera

Castilla nos une

Castilla nos une

3.1.- Agricultura y Ganadería. TC-PNC. (24/10/2001)

La división autonómica de Castilla representa un importante desequilibrio de sus sectores productivos, especialmente de los agropecuarios ya que minimiza su peso en la economía estatal e imposibilita un desarrollo sostenido y equilibrado de su territorio. Si en 1955 el sector agrario y ganadero castellano representaba cerca del 40% del empleo castellano y tenía un 31% de repercusión en el Producto Interior Bruto, en la actualidad solo representa un 8% del empleo y repercute en un 7,6% en el PIB.

A la mala negociación que se realizó con el ingreso en la Unión Europea para los productos básicos del campo castellano, hay que añadir la aplicación que se esta llevando a cabo de la Política Agraria Comunitaria (PAC) que prima la improductividad y favorece el abandono de tierras y explotaciones ganaderas. Por otro lado, el reparto de los fondos estructurales y de cohesión se esta realizando de manera irregular ya que en el resto de Europa estos se otorgan a regiones con rentas inferiores a la media y proporcionalmente a su superficie, mientras que el reparto dentro del Estado español se efectúa entre todas las Comunidades autónomas, lo que significa que Castilla debería recibir el 60% de los fondos sobre la base de su superficie y recibe tan solo el 30%.

Cantabria

A lo largo del siglo anterior los campesinos de esta comunidad castellana abandonaron los cultivos tradicionales de maíz y cereal para convertir, no solo las tierras de labor, sino además gran parte de los montes públicos, en praderas, para transformarse de agricultores a ganaderos y especializarse en la explotación de ganado frisón, de particular aptitud lechera. Esto ha acabado convirtiendo a Cantabria en un espacio de praderas y una provincia ganadera productora de leche y de ganado para recría.

El minifundismo agrario es una característica sobresaliente de Cantabria ya que el ganado y su producción se reparten en un numeroso y fragmentado número de explotaciones, la gran mayoría muy pequeñas. Así mismo destaca la presencia de numerosas explotaciones “a tiempo parcial”, por lo general pertenecientes a trabajadores de la industria que compaginan la ocupación fabril con la ganadera con auxilio de los miembros de la familia.

Castilla-La Mancha

La agricultura que se desarrolla en esta región es la típica mediterránea de interior, de amplios secanos, basados en la trilogía de cereal, viñedo y olivo, explotación forestal en las márgenes montañosas y zona de tradicional trashumancia ganadera. Junto a la submeseta norte ha sido considerada, desde siempre, uno de los graneros de la Península. Famosa además por sus vinos, cuyos viñedos son de los más extensos de toda Europa, esta introduciendo y desarrollando cultivos alternativos como el girasol y el ajo. La ganadería y la explotación forestal también han experimentado importantes transformaciones en las últimas décadas. Los altos paramos de Molina conservan su dedicación a pastizales, al igual que los “agostaderos” de la serranía de Cuenca y los “invernaderos” del campo de Calatrava y del Valle de la Alcudia.

Predomina el régimen de propiedad sobre otras formas de tenencia y, el tamaño de las explotaciones, puede calificarse como de mediano o de moderadamente grande. Pero hay que distinguir las zonas montañosas, en la que las grandes fincas son de titularidad pública (Guadalajara y Cuenca), aunque también son apreciables algunos “latifundios de tierra” en los montes de Toledo y en Sierra Morena.

Castilla y León

A pesar del declive de la actividad agraria en el panorama global de la región, no hay que olvidar el hecho de que precisamente en ella descansa la mayor participación de Castilla-León en la economía estatal. La imagen que actualmente ofrece el sector agropecuario en esta comunidad castellana es fruto de la decadencia de las formas tradicionales de aprovechamiento, por lo general más respetuosas con el medio que las actuales. Representativo de las nueve décimas partes del espacio cultivado, el secano constituye el marco en el que se resumen la especialización cerealista de numerosas comarcas, donde la producción de cebada ha superado a la del trigo. No hay que olvidar, sin embargo, la especializada producción de leguminosas y la vitivinícola como en la Ribera del Duero, Tierra de Medina, El Bierzo, Toro o Cigales. En las zonas de regadío destaca, por otra parte, la remolacha azucarera. El perfeccionamiento de la dedicación ovina en grandes rebaños observado en la cuenca del Duero o en las zonas de montaña se ha producido paralelo a la expansión de las granjas de vacuno para el abastecimiento urbano y con las moderna instalaciones dedicadas al porcino.

En la tipología de la propiedad de la tierra subsiste la tradicional contraposición entre el minifundismo dominante y las manifestaciones, comarcalmente bien definidas, de la gran propiedad. Sin embargo se ha producido una mutación sustancial en el tamaño de las explotaciones, sobre todos de las medianas, que se han incrementado al compás del éxodo rural experimentado en la segunda mitad del siglo XX.

Madrid

El equilibrio entre campo y ciudad esta roto en esta comunidad, por lo que las actividades agrarias las desarrolla una población de edad avanzada y número decreciente, en general en régimen extensivo, con lo que las manifestaciones externas del abandono del campo son ya muy notorias. Antaño, no obstante, existía un funcionamiento agrario coordinado y adaptado a las condiciones del medio, responsable de unos paisajes agrarios que se han mantenido con dificultad hasta el presente.

Los paisajes agrarios actuales responden a criterios preindustriales, como así lo atestiguan los montes de utilidad pública, ubicados en pueblos serranos, con aprovechamientos madereros o las dehesas boyales destinadas al ganado de los vecinos de cada pueblo y que todavía funcionan a las mismas puertas de la capital como ocurre en la finca de Moncalvillo en San Agustín de Guadalix o en la ya abandonada Cartuja de Talamanca.

La Rioja

Dentro del sector primario la agricultura constituye la actividad dominante seguida a distancia por la explotación forestal y ganadera, que se establecen cada una en un espacio diferente, por lo que cabe hablar de una complementariedad entre el llano agrícola, y la montaña ganadera y forestal. De las tierras labradas tres cuartas partes son de secano, dedicadas principalmente a cereales y viñedo, habiendo retrocedido el barbecho. El regadío esta íntimamente ligado al aprovechamiento del canal de Lodosa y de las pequeñas vegas fluviales dedicado a los cultivos hortícolas base de la industria conservera. La cabaña ganadera se sigue la estructura tradicional mediterránea, destacando el ganado ovino, seguido muy de cerca por el porcino, este último en régimen estabulado y en relación con as granjas de aprovechamiento industrial moderno.

Compartir publicación