Según los últimos datos del INE que he conseguido recabar, hasta el año dos mil quince había más de dos millones de españoles residiendo en el extranjero según el Padrón de Españoles Residentes en el Extranjero (PERE). Pero la cifra es aún mayor ya que muchos, como es mi caso, todavía no estamos inscritos en estos registros. Y no es porque no quiera pero para hacerlo se me pide asistir personalmente al Consulado más cercano y este me queda a más de mil cien kilómetros, dieciocho horas en coche o dos horas en avión. Es decir, para realizar un trámite tan sencillo como una mera inscripción por la que España tenga constancia de mi domicilio en el extranjero debo perder, al menos, de dos a tres días de trabajo, más el consiguiente gasto en billetes, alojamiento y comida. Algo nada sencillo para quienes tratamos de buscar un futuro digno fuera de nuestro país.
La consecuencia es que sin inscripción como residente extranjero tampoco tienes derecho a votar. Voto que, por cierto, debe hacerse de manera personal y por tanto supondría otro viaje al Consulado con el tiempo y gastos ya mencionados. Por todo ello, si eres español y no tienes la suerte de vivir en una ciudad donde hay Consulado el derecho a votar se convierte en una carrera de obstáculos y cuesta arriba. Me cuesta creer que en pleno siglo veintiuno no haya aún opciones que permitan realizar estos trámites a través de los medios digitales o servicios de mensajería para acercar de alguna forma la administración española a aquellos ciudadanos que la sentimos tan lejana. Somos los españoles en el extranjero y queremos participar, tenemos derecho a hacerlo y deseamos contribuir al futuro de nuestra tierra para volver a ella con mejores oportunidades y esperanzas. Pero mientras se hable más de comunismo, pinzas a los candidatos y las encuestas precocinadas que de los problemas de nuestro país sabemos que lo vamos a tener muy difícil.
(Artículo de opinión del castellanista Antonio Fernandez Rincón, Licenciado en Derecho)