La historia comunera que nadie nos había contado

José Ignacio García* comenta el libro de José Antonio López Hidalgo ‘Comunero. La rebelión de las Comunidades

El veintitrés de abril se cumplirán quinientos años de la masacre comunera en la campa enfangada de la localidad vallisoletana de Villalar, donde las tropas comuneras comandadas por Padilla, Bravo y Maldonado fueron literalmente aplastadas por el ejército imperial al mando de Íñigo Fernández de Velasco, conde de Haro.

Con motivo de ese quinto centenario, de esa fecha tan redonda, se suceden nuevas publicaciones, científicas en unos casos, de ficción otras.

Ese es el asunto que hoy nos ocupa, el de una novela que tiene que ver –incluso en su concepto, edición y distribución– con el espíritu revolucionario y antisistema del levantamiento comunero. Su autor, José Antonio López Hidalgo, escritor de amplio currículum, que atesora premios nacionales de relieve como Jaén, Ciudad de San Sebastián o Javier Tomeo e internacionales como el Juan Rulfo en París, y que ha rubricado novelas celebradas por crítica y lectores como ‘La casa de la palabra’, ‘La luna en el agua’, ‘De la casa del padre’ o ‘El río de una sola orilla’, nos entrega en esta ocasión –de manera voluntaria– una edición independiente, sin el abrigo y la difusión de un sello editorial importante que lo arrope; enfrentada, si se quiere, a los engranajes que hacen mover el mercado del libro.

Quizás ese sea el primer mérito de la obra, y acaso el primer milagro, que en tiempos de pandemia y sin una promoción consistente haya sido capaz de sobrevivir a su lanzamiento y de ser conocida por el público gracias al boca a boca y a su calidad literaria, a su rigor histórico y al argumento que plantea de fondo: la historia de los ejércitos del Norte, tanto levantiscos como oficialistas, y el papel escasamente conocido que estos desempeñaron en el alzamiento del pueblo contra el emperador y la alta nobleza partidaria de su causa.

‘Comunero’ narra la vida y peripecias de Angélico, un burgalés descendiente de conversos y experto en supervivencia, incluso en las situaciones más adversas o extremas.

Alrededor de Angélico se urde una trama de relaciones familiares y de amistad, de secretos encubiertos y de fidelidades arriesgadas contada con un ritmo narrativo pausado y detallado que atrapa al lector y lo empuja a no abandonar la lectura, ávido de interés por seguir descubriendo acontecimientos y personajes como Juan Gallo, el padre del protagonista o su amigo Alfonso. Esta parte de la novela comprende la infancia rural y la mocedad burgalesa del personaje. Sin embargo, a raíz de la trágica muerte de su padre, la vida de Angélico se transforma, sumergiéndolo en una espiral que lo termina afiliando entre las huestes de los revoltosos burgaleses que encienden la hoguera del desencanto en sus territorios y los que están situados en tierras vascongadas.

Ese cambio de situación se conjuga con el ritmo narrativo. Conforme empiezan a menudear los acontecimientos basados en datos históricos certeros, la novela cambia alternativamente de tiempo en la narración, crece en velocidad y parece a veces que la parte de ficción se funde con un amago de ensayo iniciado en cada pasaje con un tono propio de aquella época renacentista y que recuerda, en cierta manera, al cantar que Luis López Álvarez creó en su momento y que fue musicalmente inmortalizado por El Nuevo Mester de Juglaría.

Las andanzas de Angélico y de su nuevo amigo Mateo nos revelan esa historia comunera apenas conocida en tierras del Norte, y cobran especial vigor las figuras del enérgico obispo Acuña, del dubitativo Pedro López de Ayala, conde de Salvatierra y general de las mesnadas insurgentes, del decidido licenciado Urrez o de los adalides de la causa carlista, que surgen siempre como el enemigo a batir, que trata de sofocar las ínfulas de libertad del pueblo a golpe de represión y escarmiento.

Cuando las cañas se tornan en lanzas en Villalar y la causa comunera empieza a desmoronarse como un castillo de naipes, la buena estrella de Angélico empieza a declinar. Logra escapar del encarcelamiento o la decapitación adoptando roles impostores entre la burocracia imperialista vitoriana o haciéndose pasar por curandero o eremita, hasta que el destino le devuelve a su tierra natal para emprender una última misión que ligará su destino a la figura carismática del obispo Acuña que, junto a María Pacheco, la viuda de Padilla, consumía en Toledo los últimos coletazos de una revuelta condenada al más rotundo de los fracasos.

Al servicio del obispo Acuña emprenderá Angélico un rosario de andanzas que le obligará a poner tierra y mar de por medio, dejando acaso al lector con ganas de más, de haber presenciado de cerca las batallas mayores o las escaramuzas anecdóticas que el personaje rondó y donde, por lo general, escurrió el bulto; sembrando en ese lector incógnitas abiertas, como la de desconocer cuál ha sido, por ejemplo, la suerte de Mateo, por mucho que se sospeche un final trágico para él.

‘Comunero’ es una atractiva novela de género, escrita con una prosa sobria, eficaz e irreprochable, muy en consonancia con la cadencia calculada que López Hidalgo quiere darle a su historia. Esa historia comunera que hasta ahora casi nadie nos había contado.

*José Ignacio García es escritor, crítico literario y coordinador del proyecto cultural ‘Contamos la Navidad’.

(Fuente: https://www.lanuevacronica.com/la-historia-comunera-que-nadie-nos-habia-contado#cuerpo_noticia )

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